o-VOX-facebookEn España no existía un partido de derechas, sin complejos, al menos desde que Alianza Popular se refundara en 1990 en el Partido Popular; formación que ha derivado en un sindicato de intereses particulares de orientación socialdemócrata, más o menos, centrista.

Esta peculiaridad española —en el resto de Europa las cosas son distintas— pudo modificarse a partir de enero de 2014, al irrumpir la nueva formación VOX, de ideario liberal-conservador, de la mano de Santiago Abascal, José Antonio Ortega Lara y otros.

Recordemos su perfil político inicial. VOX defiende la democracia y la soberanía popular. Se declara enemigo de los independentismos, la corrupción y las bandas terroristas. No admite ningún tipo de negociación con ETA. Partidario de la unidad de España, reclama para ello acabar con el Estado de las Autonomías. Quiere un Gobierno, Parlamento y Tribunal Supremo únicos (el Tribunal Constitucional pasaría a ser una sala de éste). Aspira a acabar con el despilfarro de las administraciones públicas y su sistema expoliatorio. Propugna una reforma del Poder Judicial, despolitizándolo. Reivindica una democracia representativa y transparente, basada en primarias para elegir a los candidatos. Querría acabar con la impunidad de los partidos políticos en los casos de corrupción, por lo que pide una nueva Ley de Partidos, de Financiación y Electoral. Propone acabar con las subvenciones públicas a partidos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales. VOX, por último, se manifestó provida, asegurando querer proteger a la familia y a los más desfavorecidos; no obstante, fue objeto de no pocos ataques al respecto, siendo considerado «tibio», cuando no explícitamente abortista, por algunos activistas del área.

Para su lanzamiento como organización reclamó ayuda económica a sus militantes estableciendo una cuota mensual de 9 euros. Incluso emitieron algunos «guiños» netamente populistas —en este caso de la voz de Ignacio Camuñas—, al reclamar éste, el día de su presentación a los medios de comunicación, «mayor participación de España en las grandes decisiones de la Unión Europea», a la vez que advertía «del peligro de que el organismo continental se “deshaga” a causa de las disensiones internas en los países y las olas de inmigración».

Al apagón informativo sufrido desde sus inicios, se le sumó otra dificultad: la competición directa de UPyD y Ciudadanos.

Y para decepción de muchos, ni Jaime Mayor Oreja ni Esperanza Aguirre —siempre en el Partido Popular resguardando sus intereses personales— saltaron a VOX. Los populares, de este modo, apenas sufrieron un mínimo goteo de afiliados en favor de esta novísima formación situada a su derecha.

A última hora, y con la indisimulada pretensión de conseguir de nuevo un escaño en Europa, aterrizaría Aleix Vidal-Quadras en VOX, quien se empeñó en incardinarlo en el Partido Popular Europeo, rebajando así su perfil inicial. Además, Vidal-Quadras, ya en campaña electoral, desaprovechó una de las escasas ocasiones en que el joven partido tuvo acceso a las grandes cadenas televisivas, al afirmar torpemente que no renunciaría a viajar en clase business de salir elegido.

El 25 de mayo de 2014 sumó 244.929 votos. Un puñado de miles de votos más, arañados a las listas de otros grupos o de indecisos del Partido Popular, le hubieran aupado a Europa. No se consiguió.

En coherencia con lo que ya había anunciado, a los pocos días del fracaso electoral de mayo, Aleix Vidal-Quadras anunció que no se presentaría a la reelección de su cargo orgánico en VOX en la asamblea extraordinaria que celebraría en septiembre. Y tras unos meses de indiferencia y ausencia, suscribió su último capítulo el 19 de febrero de 2015 cuando firmó, junto a José Luis González Quirós, una carta dirigida a Santiago Abascal solicitando su baja como militantes de VOX, alegando como coartada que la dispersión del voto en pequeñas formaciones facilitaría la emergencia del extremismo izquierdista.

Otra de las bazas más mediáticas del partido, la valenciana Cristina Seguí, presentada como la «musa de la derecha», se retiró, por su parte, en noviembre de 2014 después de varias polémicas internas.

Este fracaso inicial de VOX confirmó la desmovilización social, cultural y política que aqueja a la derecha conservadora española en las últimas décadas; una variable en buena medida asociada a la escasa densidad y arraigo de la sociedad civil en España.

Pese a ello, en septiembre de 2014 los afiliados eligieron una nueva directiva con Abascal de presidente e Iván Espinosa de los Monteros como secretario general. Este nuevo equipo directivo se empeñó en la inmensa tarea de relanzar al partido, pese a persistir un apagón informativo que ni siquiera el viaje de Abascal a los campos de refugiados de Irak en octubre de 2014 pudo quebrar[1].

Poco después, el 17 de enero de 2015, un millar de simpatizantes celebró el primer aniversario de VOX en el Teatro La Latina. Y Abascal publicó inmediatamente, en el digital Libertad Digital, un artículo en el que afinaba su filosofía. Para ello partía de la siguiente premisa: «Desde hace unos años, el consenso socialdemócrata, el consenso autonomista y el consenso multicultural en el que se mueven todos los partidos del sistema y algunos de los nuevos nos ha ido imponiendo un campo de juego cada vez más estrecho en el que ya no se pueden decir o pensar algunas cosas so pena de ser expulsado del campo. Pero ese paradójico consenso incluía un principio aún más paradójico: el relativismo moral o intelectual. Hay consenso en que todo es relativo. Salvo criticar el relativismo». Abascal insistía, pues, en definir VOX como un partido de valores, en línea con el conservadurismo clásico, a la vez que lanzaba algún guiño veladamente populista e identitario al estilo de Marine Le Pen, por ejemplo, cuestionando el dogma del multiculturalismo. Con este bagaje, VOX se puso en marcha de nuevo.

Así, significativamente, intentó hacerse valer en la manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) en Madrid el 24 de enero de 2015; pero ante un aforo de apenas unos cientos de personas, sin apenas resonancia mediática, los réditos partidarios fueron nulos: el filón estaba agotado por sobreexplotación.

Intentó, igualmente, hacerse un hueco en la manifestación contra el aborto del 14 de marzo siguiente. Pero la presencia de algunos líderes del Partido Popular, como Esperanza Aguirre y algunos recalcitrantes democristianos, junto a la ambigüedad de las plataformas convocantes —especialmente el Foro de la Familia, Hazte Oír y su Derecho a Vivir— que escenificaron un tímido «Yo rompo con Rajoy», pero no con el Partido Popular, neutralizaron la posibilidad de que VOX rentabilizara la convocatoria.

En este contexto VOX se presentó, en todas las provincias andaluzas, con motivo de las elecciones autonómicas que se celebraron el 22 de marzo de 2015.

En esta primera convocatoria electoral, de las diversas que tendrán lugar a lo largo de este decisivo año para España, Podemos y Ciudadanos no eran los únicos partidos que pretendían hacerse un hueco en el nuevo parlamento andaluz. Pero ambos —aunque dirigidos a electorados muy distintos desde bases dispares— lo lograron sobradamente; colmando sus expectativas a costa de otros partidos. Así, Podemos multiplicó por tres los votos cosechados en las mencionadas elecciones europeas, incorporando a buena parte de los antiguos electores de Izquierda Unida, cien mil socialistas y un porcentaje significativo de antiguos abstencionistas.

Ciudadanos, en su tercer intento de salto nacional desde Cataluña, acogió especialmente a los votantes moderados del entorno del Partido Popular. La formación centrista-liberal de Albert Rivera, de paso, apabulló a su más directo rival, UPyD, al atraer a la mayor parte de su electorado natural; merced a unos medios de comunicación empecinados en presentar a Rosa Díez como una soberbia desnortada por no obedecer sus consignas.

Izquierda Unida quedó muy tocada al perder siete escaños en favor de su rival Podemos y el Partido Andalucista, por su parte, permanecerá en el ostracismo.

Pero, el partido que salió peor parado, pese a sus esfuerzos, fue VOX; quien pretendía hacerse, al menos, con un escaño por Sevilla.

El joven partido demostró tener cierto olfato político al presentar de cabeza de lista al ex-juez Francisco Serrano: una víctima cualificada de las prácticas de la ideología de género implantada por los socialistas y aplicada por los populares; un rostro conocido, además, en ambientes católicos. Y para él organizaron unas «jornadas» centradas en la custodia compartida. VOX, incluso, acentuó su línea patriótica e identitaria con otras denominadas «Córdoba, ante el reto del multiculturalismo», organizadas por su asociación pantalla «Stop ISIS»; complementándolo con su célebre video-noticiario de un futuro distópico para Andalucía y España en el que recreaban la expropiación de la Giralda de Sevilla y la Catedral de Córdoba para el culto musulmán gracias a los buenos oficios de un triunfante Podemos[2]. E izó en Marinaleda, feudo/soviet del célebre alcalde Juan Manuel Sánchez Gordillo, la bandera nacional.

No fueron pocos, pues, los esfuerzos empleados. No obstante, nada de ello fue suficiente: apenas 18.000 votos, casi la mitad que en las europeas. Una cifra minúscula e irrelevante si la comparamos con las de los partidos que han obtenido representación parlamentaria. Pero es que, si lo hacemos con los que tampoco la han alcanzado, se observa que el descalabro ha sido casi fatal. Veamos: UPyD, 76.653 votos; el histórico Partido Andalucista, 60.707; el pintoresco e intermitente Partido Animalista Contra el Maltrato Animal (PACMA), 31.735; un inédito Ciudadanos Libres y Unidos (CILUS) 11.180 sufragios; los inasequibles al desaliento de Falange Española de las JONS, 4.811.

Vemos, pues, que el «voto útil» sigue siendo criterio máximo entre los cuadros y electores del centro-derecha.

 

Ciudadanos, el favorito de los poderes fácticos

 

Para asentarse socialmente y avanzar en votos, todo partido precisa conectar con las necesidades reales y los valores de amplias y concretas franjas de electores: un trabajo a medio y largo plazo que requiere mucha paciencia, perspectiva y tenacidad. Así, por ejemplo, Izquierda Anticapitalista apenas obtuvo un puñado de miles de votos en otras convocatorias electorales previas; pero injertada en el tronco de Podemos, a pesar de sus discrepancias con Pablo Iglesias y su equipo más próximo, ha podido situar a una de sus mujeres, Teresa Rodríguez, como líder de su bancada en el Parlamento andaluz.

A VOX le ha faltado tiempo. Ya decíamos, antes, que el filón electoral de quienes se venían movilizando en apoyo de las víctimas del terrorismo se encontraba agotado. Por otra parte, ese otro sector motivado prioritariamente por la lucha contra las leyes abortistas se divide en dos: el primero, integrado por unos pocos miles de votos inasimilables, salvo por grupitos como Alternativa Española; el segundo, la masa subsiguiente que sigue votando útil, obediente y mansamente, al Partido Popular, haga lo que haga éste.

Otra franja social invocada por VOX en su campaña fue la de los varones afectados por las leyes derivadas de la ideología de género. Pero, en tan escasos días, apenas pudo ser sondeada e informada al respecto; tratándose de unos colectivos desorganizados y desmoralizados por dramas personales inefables.

El antes mencionado video antiislamista fue visionado —en campaña— unas 125.000 ocasiones ¿Mucho? En una primera mirada pudiera parecer que sí, pero, con la mirada puesta en lo que se denominan «fenómenos virales», se deduce que su índice de penetración fue minúsculo: no en vano, para que un video alcance tal categoría precisa ser visionado varios millones.

Podríamos remitirnos a otros factores externos que habrían predeterminado el fracaso que estamos analizando. El principal de ellos, sin duda, ha sido el «silencio informativo» que viene sufriendo VOX desde su nacimiento. Lo anterior indica que los poderes fácticos no lo contemplan como solución de recambio del centro derecha en esta operación de apuntalamiento del sistema: su opción es Ciudadanos; lo que se ha evidenciado con las políticas informativas de las grandes cadenas televisivas privadas a partir de la campaña andaluza.

De este modo, aunque VOX se presenta desacomplejadamente como «La Derecha», el intento no podía prosperar: le ha faltado tiempo, atención mediática y espacio político. ¿Espacio? Así lo entendemos, no en vano, ¿cómo competir con un todopoderoso Partido Popular en su propio terreno? Y mucho menos con la competencia añadida de Ciudadanos. VOX ha omitido un análisis político previo: el de los espacios. No en vano, en España, todos los espacios políticos están cubiertos por sus respectivos partidos. Todos salvo uno: el patriótico-identitario que hace furor en otros países europeos; recordemos de nuevo al vecino Frente Nacional de Marine Le Pen, situado ya en un 25% del voto desde las elecciones europeas de 2014. Pero, el que sea VOX el llamado a ocuparlo, de persistir en su actual línea, no parece factible.

VOX, según sus propias fuentes, intenta presentar candidaturas a los parlamentos autonómicos cuyas elecciones se celebrarán en mayo y a todas las capitales de provincia; además de otros municipios. Salvo en estos últimos, lo tiene casi imposible. Para colmo, el susto andaluz habrá acobardado a muchos; de dentro, pero también a no pocos todavía emboscados en el Partido Popular. Pero es su única posibilidad: conseguir varias docenas de concejales, en municipios medios y pequeños, perfilar una línea política mucho más contundente y trabajar muchísimo con la mirada a medio y largo plazo.

De no alcanzar esos mínimos resultados, VOX corre el riesgo de languidecer y extinguirse rápidamente. Y más cuando Ciudadanos —quien rechaza cualquier acercamiento a VOX— es potenciado como recambio centrista del sistema, atrayendo el interés también de no pocos conservadores. Pero, a pesar de su fracaso en ambas convocatorias electorales, ha demostrado que, en pocos meses y con unos medios materiales y humanos limitados, es posible movilizar más de un cuarto de millón de votos. Lo que indica que, por primera vez en décadas, algo se mueve en la derecha.

 

 

Fernando José VAQUERO OROQUIETA

 

 

Razón Española, Nº 191, mayo-junio 2015, págs. 344 a 350.

 

[1] Un vídeo elaborado por VOX sobre este viaje se puede visionar en https://www.youtube.com/watch?v=h34kpjl6PuM. Informaciones al respecto, en COPE http://www.cope.es/detalle/Abascal-visita-Irak-para-conocer-de-primera-mano-la-amenaza-del-ISIS.html; Libertaddigital: http://www.libertaddigital.com/espana/2014-10-21/santi-abascal-viaja-a-irak-para-apoyar-a-las-victimas-del-estado-islamico-1276531344/; y Europa Press: http://www.europapress.es/nacional/noticia-abascal-vox-censura-cobardia-gobierno-rajoy-pasividad-lucha-contra-yihadismo-20140901195640.html.

[2] https://www.youtube.com/watch?v=Gpo-JIfUNpk.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s